El comienzo de Jamones El Maño Publicado en: Jamones el Maño

Queremos contaros como Jamones El Maño ha llegado a lo que es ahora, un conocido y apreciado puesto en el Mercado Central de Valencia.

Todo comenzó en 1952, cuando con tan solo 23 años Francisco Calvo (Paco, padre de Piluca) compró esta tienda en el Mercado. En 1959 llegó Eder, su mujer, y estuvieron durante 30 años trabajando juntos hasta que llegó la segunda generación de Jamones El Maño, Piluca. En aquella época, todo era completamente diferente: las paradas estaban al aire libre y se cubrían con unas tablas de madera para no quedar a la intemperie.

En realidad, todo era distinto. Más austero, centrado sólo en el producto y no tanto en la estética. El mostrador era de mármol blanco, sin vitrinas ni técnica artificial alguna para enfriar el género. Hasta que Paco compró la primera nevera, muy rudimentaria, pero un adelanto para la época: había que comprar media barra de hielo cada día para mantener el frío.

Entonces, todo se cortaba y se pesaba a mano. El género se pesaba con una balanza con una tabla que indicaba el peso y el precio. Hasta que llegaron las nuevas balanzas y las máquinas de cortar eléctricas. “Eso sí que era una gozada, era otro mundo”, recuerda Paco desde la nostalgia.

Paco y Eder trabajando en Jamones El Maño en los años 50.

En el Mercado Central nunca hubo bar. Pero los mercaderes sí tenían al señor Román, que cada día a las 7 de la mañana se apostaba en la entrada de la pescadería con un recipiente-termo lleno de café de puchero. Él llevaba a las paradas el café con leche que ayudaba a recibir el largo día de trabajo en el mercado con más energía.

Más tarde, un grupo de vendedores, entre ellos Paco, dieron un paso más: idear la forma de cerrar las paradas, para no tener que manipular la mercancía todos los días. Una iniciativa que tardó poner en marcha, ya que costó que se unieran los demás vendedores. Había que solicitar al ayuntamiento un permiso para el cierre de los puestos. Y se hizo. Se experimentó con una parada piloto, entre las dudas generales, pero finalmente se alcanzó cierto consenso y, también, el permiso municipal. Sólo unos cuantos renovaron las paradas . El resto no quiso saber nada, hasta que el paso del tiempo, las nuevas costumbres, les obligó a actualizarse. Aquí podéis haceros una idea de cómo era el Mercado Central por dentro.

El día que reformaron la parada de Paco, llegó la modernidad. Le instalaron un mostrador frigorífico, una auténtica maravilla para la época. Una de las envidias del mercado. Poco a poco, el puesto fue incorporando la tecnología que iba llegando y que han ido convirtiendo a “Jamones El Maño” es una de las tiendas pioneras del mercado. Pero sobre todo, gracias a la dedicación y el esfuerzo de Paco y Eder hoy podemos estar orgullosos de lo que somos.

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